Antes de contratar un avalúo es razonable querer ver uno. Aquí están tres documentos completos, de la portada a la firma, con el mismo formato y el mismo procedimiento con que se entrega uno real.
Puedes abrirlos y leerlos enteros. No pedimos ningún dato a cambio.
Los inmuebles de estos ejemplos no existen. Un avalúo lleva el nombre del propietario, su domicilio, sus escrituras y las fotografías de su casa. Por eso no publicamos trabajos reales, ni siquiera con los datos tapados: la sola descripción del inmueble puede identificarlo.
Lo que ves aquí se generó con propiedades inventadas y comparables inventados, y así se declara en cada página de los documentos. Lo real es el método: las mismas normas, las mismas fórmulas y el mismo orden que en un encargo de verdad.
El caso completo: una vivienda con los tres enfoques de valuación desarrollados y conciliados.
Un predio sin construcción no se valúa como una casa a la que le faltan secciones.
El producto rápido: una opinión de valor con método, entregada en 24 a 48 horas.
La diferencia no es de precio: es de para qué sirve cada uno. Si no estás seguro, pregúntanos antes de pagar.
Lo que ninguno de los dos es. Ni el avalúo ni la estimación son una garantía de venta. Un valor —o un rango— dice cuánto vale el inmueble a una fecha, con la información disponible a esa fecha. El precio al que finalmente cierres depende además de la prisa que tengas, de la forma de pago, de cuánto tiempo lo expongas y de con quién negocies. Por eso los dos documentos declaran su fecha y su vigencia: un valor sin fecha no significa nada.
Cuéntanos qué inmueble es y para qué lo necesitas. Te decimos cuál de los dos te conviene, cuánto cuesta y en cuánto tiempo lo tienes.